Por: Georgina Issa / Arquitecta / Especialista en Salud / Docente de la Universidad Abierta Interamericana

El sector salud se ha visto sumamente exigido en todo el mundo por la emergencia causada por la pandemia de COVID-19. Desde fines del 2019 y comienzos del 2020, la masiva afluencia de personas afectadas por el virus a las instituciones sanitarias, obligó a los distintos países a transformar sus servicios de atención hospitalaria en tiempo record. Ello, implicó no solamente establecer protocolos especiales de tratamiento médico de los pacientes, sino que también y fundamentalmente, puso sobre el tapete la necesidad de rever el diseño arquitectónico de los establecimientos sanitarios.

El desafío al que nos enfrentamos hoy los arquitectos, es dar lugar a una inusitada cantidad de personas, a la vez que evitar los contagios por causa de un microorganismo del que se sabe muy poco a más de un año del inicio de la pandemia. Todo en el menor tiempo posible.

Las primeras acciones tomadas en algunos hospitales públicos, fueron buscar sectores con menor nivel de uso, accesibles, con instalaciones adecuadas para incorporar el equipamiento y áreas ventiladas para cumplir con la normativa de salubridad; algo que parecía prácticamente imposible conseguir todo junto y contra reloj.

Así es, que algunos comenzaron a tomar espacios de internación, y otros, los consultorios de atención, convirtiéndolos en áreas para aislar pacientes.

Teniendo en cuenta la urgencia para la readecuación de los edificios y con la curva de la enfermedad en crecimiento, se debieron buscar otras alternativas para mitigar el impacto que estaba provocando este virus. Se conformaron entonces áreas exclusivas, construidas con módulos de containers, o edificaciones de construcción rápida, y fueron ubicados en espacios descubiertos al exterior, como por ejemplo lo ocurrido en algunos estacionamientos de vehículos. De esa manera, se logró readecuar la estructura en forma ordenada con circulaciones que se reconocían rápidamente y accesos independientes, permitiendo mejorar la atención, reducir la posibilidad de contaminar otras áreas, cuidar al paciente y al personal de salud.

En el caso de algunos establecimientos privados comenzaron protegiendo las áreas de atención, colocando pantallas de acrílico en los muebles de recepción, para la tranquilidad del personal, pero a corto plazo se encontraron con la dificultad de la falta de espacios. Se hacía imposible compartir las áreas de trabajo manteniendo una distancia de 2 metros, en instalaciones como enfermería, comedores de personal, vestuario. Así también en las salas de espera se hacía imposible contener la demanda de pacientes que se estaba presentando.

Cada centímetro contaba como fundamental, en lugares donde fuera de la pandemia funciona todo como reloj o se aproxima a ello.

Esto llevó a que grandes redes de clínicas llegaran a asignar en algunos casos, edificios exclusivos para tratamiento de pacientes Covid positivos, equipándolos y adaptándolos convenientemente para dar una mejor respuesta a sus necesidades, destinando al resto de sus establecimientos a sus servicios tradicionales.

La fluctuación de la demanda de pacientes COVID + en las distintas zonas del país, con picos a veces impredecibles, y desfasadas temporalmente unas de otras, hizo que debiéramos replantearnos el aprovechamiento de los espacios arquitectónicos de los establecimientos hospitalarios, buscando la reconversión de espacios no críticos en críticos y creando “espacios flexibles” que puedan cumplir alternativamente ambas funciones, permitiendo, en función de la demanda, transformar las unidades de internación no crítica, en lugares de internación crítica o a la inversa.

Alcanzar este objetivo, representó para todas las instituciones un gran desafío. Ejemplo de ello es el de la Clínica Mayo a cargo de la Arq. Alejandra Saenz en la ciudad de San Miguel de Tucumán, que tomó la decisión de transformar la institución, creando en todas sus plantas, unidades flexibles para operar alternativamente en distintas complejidades, en función de la fluctuación de la demanda, dotando a habitaciones comunes destinadas a internación, de instalaciones y equipamiento electromédico necesario, para convertirlas en unidades de Terapia Intensiva, destinadas a asistir a pacientes de alta complejidad cuando es necesario, o viceversa, reconvertirlas al estado de Internación general para atender casos de baja complejidad.

Para poder operar bajo esta modalidad se debieron realizar contra reloj, obras de readaptación de la institución, que son las que hoy permiten que el establecimiento pueda absorber los constantes cambios en el número y en la modalidad de atención de pacientes.

También fue necesario el crecimiento de las áreas generadoras de los servicios asociados a esta unidad flexible, como por ejemplo esterilización, provisión de aire comprimido y vacío medicinal, entre otros, con el objeto de convertir habitaciones convencionales de internación, en espacios de cuidados intensivos.

Otro ejemplo que podemos citar es el de Clínica de Trasplantes y Alta Complejidad Itac a cargo de la Arq. María Sol D’aquí en la Ciudad de Buenos Aires, poseedora de una serie de instituciones de atención médica relacionadas al tratamiento de pacientes con enfermedades renales, que elaboró un protocolo integral contemplando las necesidades y requerimientos de las distintas áreas, incluyendo la inauguración de una nueva sede: ITAC Anexo, con nuevas vías de circulación para controlar los accesos a las instituciones, acondicionando los mismos con carpas exteriores, controles de temperatura, estaciones de higiene de manos, y sectores de aislamiento para casos sospechosos. Por otro lado, incorporó también cartelería informativa con el objetivo de señalizar y demarcar los sectores, así como brindar información.

Si bien estos cambios surgieron a causa de la emergencia sanitaria descripta; en un principio todos se creyeron provisorios, pero la realidad marca que los mismos han llegado para quedarse ya que han generado procesos de estandarización y perfeccionamiento.

En la situación actual de pandemia, es imperioso poner el foco en la necesidad de evaluar profesionalmente la forma de hacer arquitectura.

Un establecimiento de salud tiene una función y brinda un servicio de atención médica. Una red sanitaria, es la integración de efectores diferenciados por niveles de atención. Los de primer nivel son los de prestaciones asistenciales básicas, y se resuelve con tecnología de baja complejidad. En el segundo, se encuentran los hospitales regionales, y el tercero es el formado por hospitales de alta tecnología.

Los hospitales pabellonados de los siglos XVIII y XIX que aun tenemos en la actualidad, como por ejemplo el Hospital Bernardino Rivadavia de la ciudad autónoma de Buenos Aires, están constituidos por edificios independientes comunicados por circulaciones externas. Tal modalidad permite una buena ventilación e iluminación de los distinto espacios para evitar contagios. Como desventaja, no existe la separación de circulaciones, tienen un único pasillo donde transitan visitas, pacientes y personal médico, lo que implica interferencias y facilita la posibilidad de que se produzca contaminación cruzada.

La dinámica de los procesos médicos y los equipamientos tecnológicos evoluciona en forma constante, y consecuentemente la arquitectura sanitaria debe acompañar la misma. Para ello es importante trabajar en un grupo interdiciplinario porque la salud se construye en comunidad, no hay salud individual, hay salud colectiva.

Para proyectar un nuevo edificio de salud, se deben diferenciar y sectorizar las áreas públicas (donde circula un paciente común), de las áreas técnicas (utilizadas por los profesionales) y conectarlas a través de circulaciones independientes, siendo estas la columna vertebral de un hospital.

El sistema circulatorio se resuelve clasificando y separando los flujos de pacientes, personal sanitario, administrativo y visitantes, evitando los cruces entre los mismos. Debe estar claro, ser simple y bien señalizado, para una rápida identificación del usuario.

A la hora de proyectar se debe analizar el recorrido. Cuando llega un paciente en ambulancia, ingresa por el acceso de urgencia a través de una circulación directa hacia el shockroom (lugar de atención rápida dentro de una guardia) , la cual tiene que estar libre, ser rápida, y no debe tener interferencias, ya que en este caso, los minutos cuentan y eso debe estar contemplado en primera instancia.

Es importante el trabajo interdisciplinario con los médicos para interpretar las necesidades. Hay que saber de hospitales para hacer arquitectura sanitaria profesional. Hay que entrar a un quirófano para observar el trabajo que se realiza y luego proyectar en tal sentido.

Los edificios que se construyen hoy tienen que ser evolutivos, capaces de cambiar, complejizarse y tener la posibilidad de crecimiento. Esto permitirá adaptarlos a situaciones como una pandemia o catástrofes, sin entrar en crisis.

La red sanitaria no puede existir sin que sea apoyada por las voluntades políticas, sociales y económicas. Debemos hacer una construcción colectiva de estos espacios para una correcta articulación e integración en beneficio de todos.

Trabajar en edificios de salud, te hace más empático y aumenta el sentido común. Construir espacios que curan para la sociedad es hacer arquitectura como servicio.

Es importante destacar que los modos que teníamos para vivir quedaron obsoletos y las nuevas formas de trabajo y de relación social están incorporadas a nuestras costumbres a partir de ahora, y deben reflejarse en las nuevas propuestas arquitectónicas a través de espacios saludables, sustentables y flexibles.

Como profesionales, debemos tener presente que la arquitectura incide en la salud mental y física de las personas, y que necesitamos un entorno que sea sostenible, tanto de hospitales, viviendas y otras tipologias a las que nos dedicamos, considerando que se deben repensar las formas de proyectar espacios. Esto es algo que les transmito a mis alumnos en la universidad constantemente, ya que la vida que hasta ahora veníamos llevando ha puesto de manifiesto nuevas necesidades en todos los edificios. Por lo tanto, debemos determinar las directrices de diseño más adecuadas para dar respuestas válidas.

El caos es una oportunidad que nos permite reflexionar sobre la forma de proyectar los edificios futuros. No la desaprovechemos.